
Oh, mi dulce caballero
Tú sabes lo que quiero,
Mata con tus besos
Mi pudor y tus deseos.
Quédate conmigo esta noche helada,
Y hazme ver la vía láctea,
Despierta cada uno mis sentidos,
Llévame con las yemas de tus dedos
Al éxtasis de la locura.
Procura con tu lengua trasformarme en un río,
Inúndame de caricias y de sensaciones nuevas.
Si me haces tú fantasía, Tú serás mi realidad,
Esta es una paradoja,
Que solo entre sabanas se resolverá.
Déjame excitarte tanto que no te puedas contener,
Quiero morderte salvajemente los labios,
Encajar solo un poco mis uñas en tu fuerte espalda,
Y mezclar nuestros sudores al ritmo de cada latido.
Hagamos de este momento de oscuridad
Uno de los recuerdos con más claridad,
Desconéctate de este mundo
Y por unas horas crea conmigo otro alterno.
Donde la religión sea el placer
La penitencia la lujuria desembocada
El peor pecado, la abstinencia.
Y las oraciones a invocar por las noches
Nuestros gemidos que no podrán ser contenidos.
Los templos a adorar,
Serán nuestros cuerpos desnudos,
Y el paraíso, una noche llena de orgasmos sincronizados.
Que al explotar en nuestros vientres
Recorran cada célula de nuestro cuerpo.
Y nos llene de energía nuevamente
Para despertar al siguiente día
Con esa sonrisa picardía
Que no podremos ocultar.
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